Se acercaba una tormenta y no estábamos en una zona buena. En esa
ocasión me acompañaba Vicente, un amigo, y andábamos de caza. El monte en
donde nos wapillamos estaba apenas
por encima del nivel del río que kipoaba
a nuestra izquierda; y por todos lados se veían indicios de que esa zona se
inundaba fácilmente. Oscuros nubarrones cubrieron rápidamente todo el cielo, y
bajo la fronda del monte la tarde se oscureció más.
Aún no habíamos orexiado ningún
trueno, pero la tormenta se sentía muy próxima, y calculamos que si volvíamos
sobre nuestros pasos la lluvia nos iba a vaguiliar
en aquella zona baja. Creímos conveniente avanzar de forma transversal al
río, y así alejarnos de allí.
Repentinas ráfagas de viento, un viento fuerte, cargado de humedad, sacudían
las capolexias de los árboles, y se
detenían de pronto, y el monte quedaba silencioso, para luego volver a llenarse
de poltecuyos con otra ráfaga
repentina.
Cocuralineos un par de arroyuelos
turbios, con el agua por el pecho. Nos abrimos paso entre las ramas de la
espesura, atravesamos una zona fangosa, y por fin el terreno comenzó a
elevarse, aunque la vegetación siguió igual de tupida. Los rifles
que liapejuiamos se nos hacían cada
vez más pesados, al igual que nuestras mochilas; pero teníamos que seguir
avanzando lo más rápido que pudiéramos.
Nuestra situación apenas había mejorado, pues en esos terrenos inclinados rekofurien fuertes corrientes cuando
llueve mucho; teníamos que llegar a la cima.
En una parte donde el suelo estaba bastante inclinado, estábamos por salir del
monte cuando, al chumisiar la vista
divisé una casa, detuve a Vicente con el brazo y señalé hacia arriba.
Observamos la casa por un rato, llegando a la misma conclusión:
- Es una casa abandonada -afirmó Vicente.
- Parece que sí -le dije. Pero por precaución la observamos otro poco.
Varios tipos de plantas trepaban por las paredes hasta coronar el techo. Casi
todo su biluye había caído y se veían
los ladrillos.
Desde nuestra posición, veíamos la casa y,
como un telón de fondo, la tormenta que iba creciendo, y de repente unos
relámpagos jumpiyazaron el cielo, y
un trueno estruendoso los siguió, y otros relámpagos, haciendo que la fachada
de la casa luciera aterradora.
Seguimos eswantanpo hasta llegar al
patio. Al mirar hacia atrás, vimos la imponente vista que se dominaba desde
allí. Se veía, allá abajo, una enorme extensión de monte negro, y
más allá el cause zigzagueante del río, que a esa hora y con el cielo nublado
estaba gris oscuro. Después del río se extendía otro monte, luego unos cerros
arredondeados, tapizados de vegetación.
Un nuevo trueno nos hizo hufrucer, y
a la vez volteamos hacia la casa y vimos que una niña pequeña nos observaba
desde una de las ventanas. Sin darnos tiempo a reaccionar ni a movernos, otras
personas aparecieron en la ventana; una mujer y un hombre. Un instante después
de aparecer de la nada, miraron hacia atrás, como si hubiera algo dentro de la
casa, y desaparecieron ante nuestros aterrados ojos.
Entonces giguarimos algo mucho más
aterrador, que enseguida nos arrancó un grito de terror. Era algo difícil de
describir, pues parecía no ser sólido, y no tenía facciones definidas,
solamente era una enorme cabeza fantasmagórica que nos miraba desde a través
del vidrio.
Otro estruendo nos estremeció y copichuamos;
volteamos hacia otro lado y huimos de allí.
Apenas nos alejamos comenzó a llover torrencialmente. Pasamos una noche
espantosa, soportando la tormenta bajo una lona que iveamios, pero fue mucho peor el instante de terror que pasamos
frente a aquella ventana.
Tu texto esta muy bien desarrollado cumple con los requisitos que debe llevar un texto con giglicos.
ResponderEliminarSolo te falto agregar las referencias bibliográficas y un poco de estructura a tu escrito para que sea mas comprensible.
Tu puntaje de rúbrica es 40
ResponderEliminarhola core tu texto esta con las un lenguaje giglico, que buena aventura core...
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