sábado, 18 de mayo de 2013

5 HIPÓTESIS Y UN RELATO


5 HIPÓTESIS
  1. ¿Qué pasaría si un día amanecieras en el espacio?
  2. Usted se entera que le queda una semana de vida, ¿Qué haría?
  3. ¿Qué haría si al despertar una mañana, pudiera leer los pensamientos de los demás?
  4. Mañana usted despierta y se encuentra solo en todo el mundo…
  5. Después de dormir unos 15 minutos, despierta y se da cuenta que su cuerpo en más pequeño como el de un niño…


RELATO DE LA HIPÓTESIS 5 
NIÑO DE NUEVO 
Aquel día todo era normal regrese de trabajar, comí con mi esposa, tome una ducha y me dirigí a la cama algo raro sucedía pues yo estaba inquieto, pero cansado algo me pasaba sentía desesperación y no sabia que era, me obligue a quedar dormido, después de una dos horas lo logre, antes de esto mi esposa  ya estaba soñando y yo solo quería dormir y desconectarme de la realidad unas horas.
Al despertar me seguía sintiendo raro, me quede pensando un momento, me había despertado antes de lo normal y el despertador me saco de mu profundo pensamiento me senté en cama y me di cuenta que mis pies no llegaban al piso, mira sobre mis piernas y pude notar que mi cuerpo era muy pequeño como el de un niño de 7 años, y  ese cuerpo yo lo conocía era igual al mi cuando tenia esa edad.
Después de tratar de comprender este suceso no lo pude hacer decidí salir de la habitación para verificar que todo estuviera normal, pero en verdad quería que todo estuviera igual a mi que mi esposa tuviera el mismo dilema pero no fue así, ella estaba en la cocina preparando el desayuno. Me escondí detrás de la puerta, solo la observe todo parecía normal y un pequeño cambio mi cuerpo y solo era el cuerpo porque ni forma de pensar era la misma al igual que mis conocimientos y mis recuerdos nada había cambiado mas que mi cuerpo. Decidí compartir mi pequeño cambio con mi esposa, ella no me creía pero comencé a platicarle de lo vivido los dos juntos y después de un momento me comprendió, aunque ella tampoco explica por qué yo estaba de esa manera.

Relato con 10 comienzos o 5 finales



Tragedia de jóvenes 
Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia, sí, esa adolescencia en la cual yo sentía que mi vida nunca iba a terminar, en la cual todo lo que asía no era pensado antes de hacerlo, pero me divertía tanto, como aquella vez en la que surgió esta horrible quemadura que cambio el rumbo de mi vida. El día que salí con todos mis amigos lo recuerdo muy bien fue el sábado primero de noviembre todos reunidos en la casa de Víctor, fue una fiesta muy grande, tanto que comenzamos a jugar y al final hicimos una fogata en su patio nos recostamos en el pasto,  cuando uno de ellos e levanto tomo uno de los leños, se dirigió hacia mi, nunca creí que me colocara el leño ardiente en la boca, grite desesperado y todos los demás se pusieron alertas después de hacer esto, trataron de calmarlo pero fue en vano lo que hizo que mar a varios con el leño que tenia al final el termino quemándose y metiéndose por completo a la fogata fue un horror ver como lo hacia.
Después del incidente nadie de nosotros volvimos a vernos, yo me volví solitario y la marca que me quedo me recuerda a mis amigos y a esa horrible noche, ahora estoy con ella, la única que me apoyo después de esto y no me rechazo por la marca que tengo en el rostro.

TRES REDUCCIONES A LOS HUESOS



  • Un chico zarpa de India con su familia asía E.U., una gran tormenta hunde el barco. El chico naufraga por mucho tiempo en compañía de Richard Parquer, llegan a una costa de México.

  • Una pareja enamorada desea casarse, sus padres no los dejan pues creen son hermanos, los padres aclaran las cosas, los dejan casarse, no eran hermanos.

  • Chico que después de que matan a sus padres, se come a su hermana, estudia medicina y encuentra el amor por matar personas. 


Esqueleto de una historia y relato desarrollado



María, 14 años, mala estudiante, teleadicta. Un día, un galán televisivo la llama con insistencia desde la pantalla... 

Hoy como todos los días María se levanto tarde, llego unos minutos después de que el timbre sonara, al entrar al salón todos la miraron, ella agacho la cabeza y se dirigió a su pupitre se sentó, saco su libreta de apuntes y  comenzó a copiar lo del pizarrón; ella no le encontraba nada de interesante a eso  por que decido comenzar a hacer lo que mas le gusta a imaginar un sin fin de historias que dibujaba en su cuaderno de notas, en el podías encontrar desde las historias de amor asta las más sangrientas o llenas de tristeza, sus historias eran muy buenas, todas llenas de emociones y sensaciones podías sentir y poder comprender a cada uno de los personajes. Por escribir y dibujar sus historias no ponía atención a la clase y por lo regular ella no sabia nada.
De regreso a casa solo pensaba en llegar a ver TV otra actividad le fascinaba, veía todo tipo de programas de cocina, de manualidades, de caricaturas, ciencia, de cultura, aunque su favorito era uno en el que transmitían una novela que se trataba de varios muchachos muy guapos y ricos, ella desde que empezó a ver esto solo pensaba en los cuatro muchachos, pero un día ella comenzó a ver que uno de los chicos que veía en la televisión le hablaba a través de esta. Tu seguro crees que se ella imaginaba todo esto pero no el muchacho en verdad le hablaba, después de que ella descubrió el mensaje de él, se dirijo al café lo vio y su corazón comenzó a latir muy fuerte, platicaron un rato y después de esto llego a el punto por el cual la había buscado, él la buscaba para que le mostrara todas su historias pues deseaba actuar una de estas y ella también seria actora de la historia además de ser la autora de esta.
Tiempo después la novela se transmitió por televisión, y después de trabajar tanto tiempo juntos y de conocerse ellos comenzaron a tener un noviazgo que pronto se convirtió en una pareja muy hermosa.

Noticia y Relato


La mejor canción para combatir el miedo a volar
'Someone Like You' de Adele es la canción idónea para que las personas con miedo a volar afronten un viaje en avión, según ha revelado un estudio encargado por Spotify, que sostiene que esta tonada puede ser considerada "el antídoto perfecto" contra la fobia a coger un vuelo.

En concreto, el trabajo, del que se hace eco Europa Press, expone que las canciones con un tempo lento, como es el caso de la interpretada por la británica, son "ideales" para calmar los nervios y que tanto las que estimulan tanto el "lado lógico" del cerebro, el hemisferio izquierdo; como las que activan el lado emocional, que domina el hemisferio derecho, "reducen la ansiedad".

La canción 'Someone Like You', por la que Adele fue mundialmente reconocida, tiene un tempo de 67 latidos por minuto y, además, ofrece "tonos armoniosos", tal y como explica Becky Spelman, directora de la investigación y psicóloga especializada en ansiedad de la Private Therapy Clinic de Londres (Reino Unido). A su juicio, respirar a la vez que la música con un bajo latido por minuto y a un ritmo controlado y reducido "baja la frecuencia cardiaca y la presión arterial y, a su vez, reduce la ansiedad". 

Dentro de la lista de reproducción de Spotify titulada 'Calming Music To Fly To', seleccionada para afrontar el miedo a volar, se encuentran otros temas como 'Orinoco Flow (Sail Away)', de Enya; 'Piano on The Beach', de Liborio Conti; o 'Better Together', de Jack Johnson. Todos ellos pueden escucharse "antes y durante un vuelo", asegura la experta.

Vida recurdos


Yo por lo regular disfruto de viajar, me gustan los paisajes naturales o urbanos,  cada uno tiene su estilo, son hermosos y los guardo para siempre, los inmortalizo y paralizo el momento en el que los veo, si, esa es mi vida de viajar de un lugar a otro solo esperando encontrar hermosos paisajes que sean de mi agrado. Por lo regular yo viajo por vía terrestre esta puede ser en carros, autobuses, trenes, caballos, bicicletas, motocicletas y tren subterráneo con ellas me es posible observar todo detenidamente, pero en lo que no  me gusta viajar y lo ocupo varias veces es en los aviones.

Los aviones son muy conflictivos para mi porque no puedo ver el paisaje de una forma detenida y muy cerca, además desde que era pequeño yo les he tenido  miedo, ¡Aaaaa! pero no creas que siempre les tuve miedo, todo comenzó cuando mi abuelo  que le gustaba mucho volar subió a una de sus avionetas el dio vueltas y parecía que el manejaba a su antojo al viento, pues casi era de esa forma, lo que ocurrió fue que su avioneta ya era algo vieja  y se le rompió una de las alas lo cual izo que se desplomara a toda velocidad la avioneta, se estrello en una rocas muy grandes y vi como mi abuelo perdía la vida.
Es por eso que ahora no me gusta subirme a los aviones porque cada vez que lo hago o ve a alguno volar recuerdo  a mi abuela en su avioneta. pero un día que tuve subir a un avión me sentí algo aliviado pues los recuerdos regresaron pero no con la intensidad que anteriormente habían tenido, no me explique las cosas asta que al bajar del avión me di cuenta que era la música que calmaba mis nervios.


miércoles, 15 de mayo de 2013

Relato policíaco


Escalando 
Una visita al monten Valle por un muchacho, paso un día por la mañana muy temprano, él se encontró con unos compañeros de la escuela. El equipo de escalamiento que llevo era muy bueno, camino entre arboles, arbustos y rocas grandes. Pudo notar que lo seguía alguien, pero no supo quien era, camino entre arboles con un follaje muy espeso, un poco antes de llegar a la sima fue sorprendido por un grupo de muchachos que esperaban con algunas armas que le apuntaban, correr fue una opción, la que hizo que cayera al suelo de una manera muy rápida atravesándole el pecho. 

Relato a medio relato


RECUERDOS
Aquel día tú estabas muy feliz tanto que me lo dijiste, eso me sorprendió mucho porque por lo regular tú no dices lo que sientes, esa ocasión fue muy especial, a pesar de que no todo había sido perfecto nos sentíamos muy bien. Aun recuerdo ese día que nunca volverá porque tú te has ido y sé que no volverás, yo sigo aquí festejando ese día sin ti pero lo hago por los demás, porque aunque cada año lo festeje y me pongo un poco nostálgica y triste, lo recuerdo con un cariño y con tanta vives que pareciera que lo volviera a vivir.
 Tú estuviste en una etapa muy hermosa de mi vida llena de vivencias y experiencias únicas que aunque fueron muy pocas las que viví contigo fueron muy especiales, tanto que ya han pasado 2 años desde que te fuiste y esos recuerdos parece que son de ayer, todos los años que compartí contigo aun los recuerdo, pero también recuerdo los últimos días que viví contigo, no fueron tan gratos ni tan placenteros, pero cada segundo a tú lado contaba, yo, sabia que pronto te irías, ya me había preparado para tu partida y a pesar de eso me dolió demasiado el que te fueras, paso muy rápida tanto que yo no me di cuanta al instante sino después de algunos minutos.
Pero, ¿por qué tuviste que marcharte tan rápido?, siempre me hago esa pregunta, además siempre menciono que falto mucho por vivir a tu lado, me faltaron hacer muchas cosas en las que quería que tu estuvieras a mi lado, donde me apoyaras y tus palabras fuera las que alentaran a seguir, tu existencia fuera el motor de mi, de mis acciones, pero todo esto termino en unos cuantos meses, te fuiste poco a poco, no se si fue menos doloroso o mas que si te hubieses ido de un momento a otro, pero yo siempre he querido que estés conmigo, para poder compartir todo lo que hacíamos, todo lo que éramos tu y yo.
Se que ya ha pasado un tiempo, pero aun me cuesta trabajo comprender que ya no estas mas, si lo reconozco te extraño mucho. Hay noches en las que me duermo pensando en que todo es un sueño y que al despertar tu estarás como siempre a mi lado, disfrutando de cual maravilloso es compartir la vida contigo.
Es hora de continuar, sé que en donde quiera que tu estés nunca me vas a dejar, y tu recuerdo siempre estará acompañándome hacia donde yo valla, te quedas dentro  de mi corazón formando cada parte de mi, y con la seguridad de que cada cosa que haga será para que tu te sientas orgulloso de mi, fortaleciendo día a día lo que soy y lo que quiero de mi vida.   

miércoles, 8 de mayo de 2013

cambiando el final a un cuento


El río
Julio Cortázar

Y sí, parece que es así, que te has ido diciendo no sé qué cosa, que te ibas a tirar al Sena, algo por el estilo, una de esas frases de plena noche, mezcladas de sábana y boca pastosa, casi siempre en la oscuridad o con algo de mano o de pie rozando el cuerpo del que apenas escucha, porque hace tanto que apenas te escucho cuando dices cosas así, eso viene del otro lado de mis ojos cerrados, del sueño que otra vez me tira hacia abajo. Entonces está bien, qué me importa si te has ido, si te has ahogado o todavía andas por los muelles mirando el agua, y además no es cierto porque estás aquí dormida y respirando entrecortadamente, pero entonces no te has ido cuando te fuiste en algún momento de la noche antes de que yo me perdiera en el sueño, porque te habías ido diciendo alguna cosa, que te ibas a ahogar en el Sena, o sea que has tenido miedo, has renunciado y de golpe estás ahí casi tocándome, y te mueves ondulando como si algo trabajara suavemente en tu sueño, como si de verdad soñaras que has salido y que después de todo llegaste a los muelles y te tiraste al agua. Así una vez más, para dormir después con la cara empapada de un llanto estúpido, hasta las once de la mañana, la hora en que traen el diario con las noticias de los que se han ahogado de veras.
Me das risa, pobre. Tus determinaciones trágicas, esa manera de andar golpeando las puertas como una actriz de tournées de provincia, uno se pregunta si realmente crees en tus amenazas, tus chantajes repugnantes, tus inagotables escenas patéticas untadas de lágrimas y ajetivos y recuentos. Merecerías a alguien más dotado que yo para que te diera la réplica, entonces se vería alzarse a la pareja perfecta, con el hedor exquisito del hombre y la mujer que se destrozan mirándose en los ojos para asegurarse el aplazamiento más precario, para sobrevivir todavía y volver a empezar y perseguir inagotablemente su verdad de terreno baldío y fondo de cacerola. Pero ya ves, escojo el silencio, enciendo un cigarrillo y te escucho hablar, te escucho quejarte (con razón, pero qué puedo hacerle), o lo que es todavía mejor me voy quedando dormido, arrullado casi por tus imprecaciones previsibles, con los ojos entrecerrados mezclo todavía por un rato las primeras ráfagas de los sueños con tus gestos de camisón rídiculo bajo la luz de la araña que nos regalaron cuando nos casamos, y creo que al final me duermo y me llevo, te lo confieso casi con amor, la parte más aprovechable de tus movimientos y tus denuncias, el sonido restallante que te deforma los labios lívidos de cólera. Para enriquecer mis propios sueños donde jamás a nadie se le ocurre ahogarse, puedes creerme.
Pero si es así me pregunto qué estás haciendo en esta cama que habías decidido abandonar por la otra más vasta y más huyente. Ahora resulta que duermes, que de cuando en cuando mueves una pierna que va cambiando el dibujo de la sábana, pareces enojada por alguna cosa, no demasiado enojada, es como un cansancio amargo, tus labios esbozan una mueca de desprecio, dejan escapar el aire entrecortadamente, lo recogen a bocanadas breves, y creo que si no estaría tan exasperado por tus falsas amenazas admitiría que eres otra vez hermosa, como si el sueño te devolviera un poco de mi lado donde el deseo es posible y hasta reconciliación o nuevo plazo, algo menos turbio que este amanecer donde empiezan a rodar los primeros carros y los gallos abominablemente desnudan su horrenda servidumbre. No sé, ya ni siquiera tiene sentido preguntar otra vez si en algún momento te habías ido, si eras tú la que golpeó la puerta al salir en el instante mismo en que yo resbalaba al olvido, y a lo mejor es por eso que prefiero tocarte, no porque dude de que estés ahí, probablemente en ningún momento te fuiste del cuarto, quizá un golpe de viento cerró la puerta, soñé que te habías ido mientras tú, creyéndome despierto, me gritabas tu amenaza desde los pies de la cama. No es por eso que te toco, en la penumbra verde del amanecer es casi dulce pasar una mano por ese hombro que se estremece y me rechaza. El verte acostada en la cama me da una tranquilidad, pensar que aun estarás tiempo conmigo, en el cual compartiremos hermosos momentos, experiencias y tendremos miles de recuerdos, una mañana más me da fuerzas para seguir viviendo con la fuerzas que la he vivido hasta ahora. El salir un momento de la habitación me hizo sentir desesperación por regresar, tu estabas ahí, si, seguías en la cama acostada con las sabanas que te cubrían el cuerpo pero era como si estuvieras pero al mismo tiempo no, porque tu cuerpo físicamente estaba pero tu espíritu lo que le daba tu esencia ya no, se había ido y yo no estuve a tu lado, cerca de ti para poder despedirme y decir que todo estaba bien. Una mañana se termino tu estancia en aquella habitación te fuiste muy rápido en un instante.

final de Pinocho el astuto


PINOCHO EL ASTUTO
Pero algo sucedió, un día uno de los obreros que ya tenia mucho dinero ahorrado desde años atrás decidió  dejar de trabajar para Pinocho, le comento sus razones y los porque lo hacia a Pinocho, pero este no lo dejaba que se retirara, entonces lo hizo enfurecer y le dijo- si no me deja diré su secreto a todas las personas del poblado y a sus colaboradores, Pinocho grito muy muy fuerte y le dijo pues hazlo ¿Quién le creerá a un criado como tu?, el trabajador se fue muy triste y después de platicar con sus esposa decidieron decirle a algunas personas que había sucedió. Una semana después las ventas de los muebles de Pinocho bajaron y el comenzó a sentirse triste por no poder vender más y porque ya no podía decir mentiras a todos las personas porque ya no le creían.

domingo, 5 de mayo de 2013

Historia entre 4


Un mundo feliz

Aquel día todo estábamos muy cansado la razón era obvia, pues todo el día habíamos estado trabajando, pero a pesar de haber trabajado todo el día yo me divertí mucho, es que este trabajo no es trabajo un trabajo cualquiera, en el plasmamos todo lo que sentimos en el momento preciso, adoro este trabajo, es tan hermoso a lo que nos dedicamos.
Captamos cada movimiento, cada mirada, cada sentir que refleja la expresión de las personas. Es el arte de apreciar lo bueno de cada cual, ver mas allá de un simple rostro triste. En nuestro trabajo nos dicen locos irreales, lo que sucede es que ellos no comprenden su propia vida y tratan de justificarse criticando la nuestra.
Me doy cuenta que a la gente “real”, le gusta lo simple, lo fácil; sin embargo me pregunto -. ¿no serian mas felices si por lo menos se conocieran a ellos mismo?, al tratar de hablar sobre este mundo que es uno solo en el que todos podemos estar son criticar, sin importar gustos, clases, colores, razas; todos podemos ser felices con lo que somos y tenemos, el ser felices nosotros mismos hacemos felices a los demás, creando un mundo mejor en el que todos somos felices con lo que somos, hacemos y vivimos.

cambiando el final a un capitulo de "grandes esperanzas"


CAPITULO III
Había mucha escarcha y la humedad era grande. Antes de salir pude ver la humedad condensada en la
parte exterior de mi ventanita, como si allí hubiese estado llorando un trasgo durante toda la noche usando
la ventana a guisa de pañuelo. Ahora veía la niebla posada sobre los matorrales y sobre la hierba, como
telarañas mucho más gruesas que las corrientes, colgando de una rama a otra o desde las matas hasta el
suelo. La humedad se había posado sobre las puertas y sobre las cercas, y era tan espesa la niebla en los
marjales, que el poste indicador de nuestra aldea, poste que no servía para nada porque nadie iba por allí,
fue invisible para mí hasta que estuve casi debajo. Luego, mientras lo miré gotear, a mi conciencia
oprimida le pareció un fantasma que me iba a entregar a los Pontones.
Más espesa fue la niebla todavía cuando salí de los marjales, hasta el punto de que, en vez de acercarme
corriendo a alguna. cosa, parecía que ésta echara a correr hacia mí. Ello era muy desagradable para una
mente pecadora. Las puertas, las represas y las orillas se arrojaban violentamente contra mí a través de la
niebla, como si quisieran exclamar con la mayor claridad: «¡Un muchacho que ha robado un pastel de
cerdo! ¡Detenedle!» Las reses se me aparecían repentinamentte, mirándome con asombrados ojos, y por el
vapor que exhalaban sus narices parecían exclamar: «¡Eh, ladronzuelo!» Un buey negro con una mancha
blanca en el cuello, que a mi temerosa conciencia le pareció que tenía cierto aspecto clerical, me miró con
tanta obstinación en sus ojos y movió su maciza cabeza de un modo tan acusador cuando yo lo rodeaba,
que no pude menos que murmurar: «No he tenido más remedio, señor. No lo he robado para mí.» Entonces
él dobló la cabeza, resopló despidiendo una columna de humo por la nariz y se desvaneció dando una coz
con las patas traseras y agitando el rabo.
Ya estaba cerca del río, mas a pesar de que fui muy aprisa, no podía calentarme los pies. A ellos parecía
haberse agarrado la humedad, como se había agarrado el hierro a la pierna del hombre a cuyo encuentro
iba. Conocía perfectamente el camino que conducía a la Batería, porque estuve allí un domingo con Joe, y
éste, sentado en un cañón antiguo, me dijo que cuando yo fuese su aprendiz y estuviera a sus órdenes,
iríamos allí a cazar alondras. Sin embargo, y a causa de la confusión originada por la niebla, me hallé de
pronto demasiado a la derecha y, por consiguiente, tuve que retroceder a lo largo de la orilla del río,
pasando por encima de las piedras sueltas que había sobre el fango y por las estacas que contenían la
marea. Avanzando por allí, tan de prisa como me fue posible, acababa de cruzar una zanja que, según sabía,
estaba muy cerca de la Batería, y precisamente cuando subía por el montículo inmediato a la zanja vi a mi
hombre sentado. Estaba vuelto de espaldas, con los brazos doblados, y cabeceaba a. causa del sueño.
Me figuré que se pondría contento si me aparecía ante él llevándole el desayuno de un modo inesperado,
y así me acerqué sin hacer ruido y le toqué el hombro. Instantáneamente dio un salto, y entonces vi que no
era aquel mismo hombre, sino otro .
Sin embargo, también iba vestido de gris y tenía un hierro en la pierna; cojeaba del mismo modo, tenía la
voz ronca y estaba muerto de frío; en una palabra, se parecía mucho al otro, a excepción de que no tenía el
mismo rostro y de que llevaba un sombrero de anchas alas, plano y muy metido en la cabeza. Observé en
un momento todos estos detalles, porque no me dio tiempo para más. Profirió una blasfemia y me dio un
golpe, pero estaba tan débil, que apenas me tocó y, en cambio, le hizo tambalear. Luego echó a correr por
entre la niebla, tropezando dos veces, y por fin le perdí de vista.
«Éste será el joven», pensé, -mientras se detenía mi corazón al identificarlo. Y también habría sentido
dolor en el hígado si hubiese sabido dónde lo tenía.
Poco después llegué a la Batería, y allí encontré a mi conocido, abrazándose a sí mismo y cojeando de un
lado a otro, como si en toda la noche no hubiese dejado de hacer ambas cosas. Me esperaba.
Indudablemente, tenía mucho frío. Yo casi temía que se cayera ante mí y se quedase helado. Sus ojos
expresaban tal hambre, que, cuando le entregué la lima y él la dejó sobre la hierba, se me ocurrió que habría
sido capaz de comérsela si no hubiese visto lo que le llevaba. Aquella vez no me hizo dar ninguna voltereta
para apoderarse de lo que tenía, sino que me permitió continuar en pie mientras abría el fardo y vaciaba mis
bolsillos.
- ¿Qué hay en esa botella, muchacho? - me preguntó.
- Aguardiente - contesté.
Él, mientras tanto, tragaba de un modo curioso la carne picada; más como quien quisiera guardar algo
con mucha prisa y no como quien come, pero dejó la carne para tomar un trago de licor. Mientras tanto se
estremecía con tal violencia que a duras penas podía conservar el cuello de la botella entre los dientes, de
modo que se vio obligado a sujetarla con ellos.
- Me parece que ha cogido usted fiebre.
- Creo lo mismo, muchacho - contestó.
- Este sitio es muy malo - advertí -. Se habrá usted echado en el marjal, que es muy malsano. También da
reuma.
- Pues antes de morirme - dijo -, me desayunaré. Y seguiría comiendo aunque luego tuviesen que
ahorcarme en esta horca. No me importan los temblores que tengo, te lo aseguro.
Y, al mismo tiempo, se tragaba la carne picada, roía el hueso y se comía el pan, el queso y el pastel de
cerdo, todo a la vez. No por eso dejaba de mirar con la mayor desconfianza alrededor de nosotros, y a veces
se interrumpía, dejando también de mascar, a fin de escuchar. Cualquier sonido, verdadero o imaginado,
cualquier ruido en el río, o la respiración de un animal sobre el marjal, le sobresaltaba, y entonces me decía:
- ¿No me engañas? ¿No has traído a nadie contigo?
- No, señor, no.
- ¿Ni has dicho a nadie que te siguiera?
- No.
- Está bien - dijo -. Te creo. Serías una verdadera fiera si, a tu edad, ayudases a cazar a un desgraciado
como yo.
En su garganta sonó algo como si dentro tuviera una maquinaria que se dispusiera a dar la hora. Y con la
destrozada manga de su traje se limpió los ojos.
Compadecido por su situación y observándole mientras, gradualmente, volvía a aplicarse al pastel de
cerdo, me atreví a decirle:
- No sabe usted cuánto me contenta que le guste lo que le he traído.
- ¿Qué dices?
- Que estoy muy satisfecho de que le guste.
- Gracias, muchacho; me gusta.
Muchas veces había contemplado mientras comía a un gran perro que teníamos, y ahora observaba la
mayor semejanza entre el modo de comer del animal y el de aquel hombre. Éste tomaba grandes y
repentinos bocados, exactamente del mismo modo que el perro. Se tragaba cada bocado demasiado pronto
y demasiado aprisa; y luego miraba de lado, como si temiese que de cualquier dirección pudiera llegar
alguien para disputarle lo que estaba comiendo. Estaba demasiado asustado para saborear tranquilamente el
pastel, y creí que si alguien se presentase a disputarle la comida, sería capaz de acometerlo a mordiscos. En
todo eso se portaba igual que el perro.
- Me temo que no quedará nada para él - dije con timidez y después de un silencio durante el cual estuve
indeciso acerca de la conveniencia de hacer aquella observación -. No me es posible sacar más del lugar de
donde he tomado esto.
La certeza de este hecho fue la que me dio valor bastante para hacer la indicación.
- ¿Dejarle nada? Y ¿quién es él? - preguntó mi amigo, interrumpiéndose en la masticación del pastel.
- El joven. Ese de quien me habló usted. El que estaba escondido.
- ¡Ah, ya! - replicó con bronca risa -. ¿Él? Sí, sí. Él no necesita comida.
- Pues a mí me pareció que le habría gustado mucho comer - dije.
Mi compañero dejó de hacerlo y me miró con la mayor atención y sorpresa.
- ¿Que te pareció...? ¿Cuándo?
- Hace un momento.
- ¿Dónde?
-Ahí -dije señalando el lugar-. Precisamente ahí lo encontré medio dormido, y me figuré que era usted.
Me cogió por el cuello de la ropa y me miró de tal manera que llegué a temer que de nuevo se propusiera
cortarme la cabeza.
- Iba vestido como usted, aunque llevaba sombrero - añadí, temblando -. Y... y... - temía no acertar a
explicarlo con la suficiente delicadeza -. Y con... con la misma razón para necesitar una lima. ¿No oyó
usted los cañonazos ayer noche?
- ¿Dispararon cañonazos? - me preguntó.
- Me figuraba que lo sabía usted - repliqué -, porque los oímos desde mi casa, que está bastante más lejos
y además teníamos las ventanas cerradas.
- Ya comprendo - dijo -. Cuando un hombre está solo en estas llanuras, con la cabeza débil y el estómago
desocupado, muriéndose de frío y de necesidad, no oye en toda la noche más que cañonazos y voces que le
llaman. Y no solamente oye, sino que ve a los soldados, con sus chaquetas rojas, alumbradas por las
antorchas y que le rodean a uno. Oye cómo gritan su número, oye cómo le intiman a que se rinda, oye el
choque de las armas de fuego y también las órdenes de «¡Preparen! ¡Apunten!
«¡Rodeadle, muchacho!» Y siente cómo le ponen encima las manos, aunque todo eso no exista. Por eso
anoche creí ver varios pelotones que me perseguían y oí el acompasado ruido de sus pasos. Pero no vi uno,
sino un centenar. Y en cuanto a cañonazos... Vi estremecerse la niebla ante el cañón, hasta que fue de día
claro. Pero ese hombre... - añadió después de las palabras que acababa de pronunciar en voz alta, olvidando
mi presencia -. ¿Has notado algo en ese hombre?
- Tenía la cara llena de contusiones - dije, recordando que apenas estaba seguro de ello.
- ¿No aquí? - exclamó el hombre golpeándose la mejilla izquierda con la palma de la mano.
- Sí, aquí.
- ¿Dónde está? - preguntó guardándose en el pecho los restos de la comida -. Dime por dónde fue. Lo
alcanzaré como si fuese un perro de caza. ¡Maldito sea es te hierro que llevo en la pierna! Dame la lima,
muchacho.
Indiqué la dirección por donde la niebla había envuelto al otro, él miro unos momentos para comprobarlo. no pudo ver nada, decidió seguir adelante sin mirar un poco mas entre la niebla, todo parecía bueno, no existía ruido alguno, pues era tan silencioso este lugar que apenas se alcanzaba a escuchar el agua que corría en el rió a lo lejos, seguimos juntos asta toparnos con un gran árbol que nos llamo la atención  entre la niebla se veía hermosos, grande como una pirámide y un follaje tan frondoso que nos dieron ganas de escalarlo. al llegar a una rama que nos permitía ver todo el paisaje del lugar donde ambos nos quedamos observando.   
y él miró hacia allí por un instante. Perocomo un loco se inclinó sobre la hierba húmeda para limar su hierro y sin hacer caso de mí ni tampoco de su propia pierna, en la que había una antigua escoriación que en aquel momento sangraba; sin embargo, él trataba su pierna con tanta rudeza como si no tuviese más sensibilidad que la misma lima. De nuevo volví a
sentir miedo de él al ver como trabajaba con aquella apresurada furia, y también temí estar fuera de mi casa
por más tiempo. Le dije que tenía que marcharme, pero él pareció no oírme, de manera que creí preferible
alejarme silenciosamente. La última vez que le vi tenía la cabeza inclinada sobre la rodilla y trabajába con
el mayor ahínco en romper su hierro, murmurando impacientes imprecaciones dirigidas a éste y a la pierna.
Más adelante me detuve a escuchar entre la niebla, y todavía pude oír el roce de la lima que seguía
trabajando.

cambiando el final a un cuento


Hansel y Gretel
Allá a lo lejos, en una choza próxima al bosque vivía un leñador con su esposa y sus dos hijos: Hansel y Gretel. El hombre era muy pobre. Tanto, que aún en las épocas en que ganaba más dinero apenas si alcanzaba para comer. Pero un buen día no les quedó ni una moneda para comprar comida ni un poquito de harina para hacer pan. "Nuestros hijos morirán de hambre", se lamentó el pobre esa noche. "Solo hay un remedio -dijo la mamá llorando-. Tenemos que dejarlos en el bosque, cerca del palacio del rey. Alguna persona de la corte los recogerá y cuidará". Hansel y Gretel, que no se habían podido dormir de hambre, oyeron la conversación. Gretel se echó a llorar, pero Hansel la consoló así: "No temas. Tengo un plan para encontrar el camino de regreso. Prefiero pasar hambre aquí a vivir con lujos entre desconocidos".
Al día siguiente la mamá los despertó temprano. "Tenemos que ir al bosque a buscar frutas y huevos -les dijo-; de lo contrario, no tendremos que comer". Hansel, que había encontrado un trozo de pan duro en un rincón, se quedó un poco atrás para ir sembrando trocitos por el camino.
Cuando llegaron a un claro próximo al palacio, la mamá les pidió a los niños que descansaran mientras ella y su esposo buscaban algo para comer. Los muchachitos no tardaron en quedarse dormidos, pues habían madrugado y caminado mucho, y aprovechando eso, sus padres los dejaron.
Los pobres niños estaban tan cansados y débiles que durmieron sin parar hasta el día siguiente, mientras los ángeles de la guarda velaban su sueño. Al despertar, lo primero que hizo Hansel fue buscar los trozos de pan para recorrer el camino de regreso; pero no pudo encontrar ni uno: los pájaros se los habían comido. Tanto buscar y buscar se fueron alejando del claro, y por fin comprendieron que estaban perdidos del todo.
Anduvieron y anduvieron hasta que llegaron a otro claro. A que no saben que vieron allí? Pues una casita toda hecha de galletitas y caramelos. Los pobres chicos, que estaban muertos de hambre, corrieron a arrancar trozos de cerca y de persianas, pero en ese momento apareció una anciana. Con una sonrisa muy amable los invitó a pasar y les ofreció una espléndida comida. Hansel y Gretel comieron hasta hartarse. Luego la viejecita les preparó la cama y los arropó cariñosamente.
Pero esa anciana que parecía tan buena era una bruja que quería hacerlos trabajar. Gretel tenía que cocinar y hacer toda la limpieza. Para Hansel la bruja tenía otros planes: quería que tirara de su carro!. Pero el niño estaba demasiado flaco y debilucho para semejante tarea, así que decidió encerrarlo en una jaula hasta que engordara. Se imaginan que Gretel no podía escapar y dejar a su hermanito encerrado!. Entretanto, el niño recibía tanta comida que, aunque había pasado siempre mucha hambre, no podía terminar todo lo que le llevaba.
Como la bruja no veía más allá de su nariz, cuando se acercaba a la jaula de Hansel le pedía que sacara un dedo para saber si estaba engordando. Hansel ya se había dado cuenta de que la mujer estaba casi ciega, así que todos los días le extendía un huesito de pollo. "Todavía estás muy flaco -decía entonces la vieja-. Esperaré unos días más!".
Por fin, cansada de aguardar a que Hansel engordara, decidió atarlo al carro de cualquier manera. Los niños comprendieron que había llegado el momento de escapar.
Como era día de amasar pan, la bruja había ordenado a Gretel que calentara bien el horno. Pero la niña había oído en su casa que las brujas se convierten en polvo cuando aspiran humo de tilo, de modo que preparó un gran fuego con esa madera. "Yo nunca he calentado un horno -dijo entonces a la bruja-. Por que no mira el fuego y me dice si esta bien?". "Sal de ahí, pedazo de tonta! -chilló la mujer-. Yo misma lo vigilaré!". Y abrió la puerta de hierro para mirar. En ese instante salió una bocanada de humo y la bruja  no sufrió nada en especial pues seguía igual solo algo interesante, ella se volvió un poco bella lo cual hizo que el padre de los niños se enamoro de ella y todos lo día la iba a visitar mientras los niños hacían todos los quehaceres de la casa.
Un día cuando el seños no quiso tomar el te que todos los días le ofrecía la bruja, él pudo darse cuenta de que sus hijos estaban trabajando para la bruja, des de ese momento tomo a sus dos hijos y se marco a casa y vivieron felices en familia. La bruja se quedo sola sin apoyo de otras personas y de animalitos.

MINI CUENTO


EL TECOLOTE 
Había una vez un tecolote que no lo querían las otras aves por tener un plumaje que lo cubría del frió  todos ellas decidieron correrlo a picotazos del nido de pájaros, él se fue a vivir solo a un árbol y por eso vemos los ojos del tecolote siempre atentos.

ARGUMENTO DISPARATADO


BÚHOS 
Al atardecer de mañana, intento salir de fuera de casa porque las aves lo picotearon con su boca, todo parecía tan malo y tan bueno porque él quería irse de casa pero no de su hogar, todo fue muy rápido que el tiempo paso lento y llego a un árbol lleno de manzanas que eran peras, agarro una y comenzó a comer intentando no tragar nada.
Encontró a  otro búho que dormía por las noches y en el día salía a comer, él era algo ordinario pero muy raro y común, le diciendo que seria su amigo que no le apoyara en nada, porque confiaba mucho en el pero no quería que supiera nada de hacia. La casa que tenían era muy pequeña y grande que solo uno cabía y el otro también, pero nunca estaba los dos juntos mientras uno salía el otro estaba dentro, así era siempre sin olvidar que gozaban de una mínima gran confianza que le apoyaba y defraudaba en todo.
Hoy un día de invierno como en el que estamos ahora que es verano ellos dos, los búhos salieron juntos, fue algo raro pero lo hicieron, volaron por los aires y las tierras del lugar, asta que un leopardo las ataco en un instante que volaron a los aires uno de ellos de los búhos quedo herido y llenos de sangre color verde que brotaba de sus venas de búho, cayo al suelo, voló como una gran ave viva porque moría de dolor en la herida que el gato le hizo.

Texto con giclico


Se acercaba una tormenta y no estábamos en una zona buena.  En esa ocasión me acompañaba Vicente, un amigo, y andábamos de caza.  El monte en donde nos wapillamos estaba apenas por encima del nivel del río que kipoaba a nuestra izquierda; y por todos lados se veían indicios de que esa zona se inundaba fácilmente. Oscuros nubarrones cubrieron rápidamente todo el cielo, y bajo la fronda del monte la tarde se oscureció más. 
Aún no habíamos orexiado ningún trueno, pero la tormenta se sentía muy próxima, y calculamos que si volvíamos sobre nuestros pasos la lluvia nos iba a vaguiliar en aquella zona baja.  Creímos conveniente avanzar de forma transversal al río, y así alejarnos de allí.
Repentinas ráfagas de viento, un viento fuerte, cargado de humedad, sacudían las capolexias de los árboles, y se detenían de pronto, y el monte quedaba silencioso, para luego volver a llenarse de poltecuyos con otra ráfaga repentina. 

Cocuralineos un par de arroyuelos turbios, con el agua por el pecho. Nos abrimos paso entre las ramas de la espesura, atravesamos una zona fangosa, y por fin el terreno comenzó a elevarse, aunque la vegetación siguió igual de tupida.   Los rifles que liapejuiamos se nos hacían cada vez más pesados, al igual que nuestras mochilas; pero teníamos que seguir avanzando lo más rápido que pudiéramos.  
Nuestra situación apenas había mejorado, pues en esos terrenos inclinados rekofurien fuertes corrientes cuando llueve mucho; teníamos que llegar a la cima. 
En una parte donde el suelo estaba bastante inclinado, estábamos por salir del monte cuando, al chumisiar la vista divisé una casa,  detuve a Vicente con el brazo y señalé hacia arriba. Observamos la casa por un rato, llegando a la misma conclusión:

- Es una casa abandonada -afirmó Vicente.
- Parece que sí -le dije. Pero por precaución la observamos otro poco. 
Varios tipos de plantas trepaban por las paredes hasta coronar el techo. Casi todo su biluye había caído y se veían los ladrillos.  

Desde nuestra posición, veíamos la casa  y, como un telón de fondo, la tormenta que iba creciendo, y de repente unos relámpagos jumpiyazaron el cielo, y un trueno estruendoso los siguió, y otros relámpagos, haciendo que la fachada de la casa luciera aterradora. 
Seguimos eswantanpo hasta llegar al patio. Al mirar hacia atrás, vimos la imponente vista que se dominaba desde allí.  Se veía, allá abajo,  una enorme extensión de monte negro, y más allá el cause zigzagueante del río, que a esa hora y con el cielo nublado estaba gris oscuro. Después del río se extendía otro monte, luego unos cerros arredondeados, tapizados de vegetación. 
Un nuevo trueno nos hizo hufrucer, y a la vez volteamos hacia la casa y vimos que una niña pequeña nos observaba desde una de las ventanas. Sin darnos tiempo a reaccionar ni a movernos, otras personas aparecieron en la ventana; una mujer y un hombre. Un instante después de aparecer de la nada, miraron hacia atrás, como si hubiera algo dentro de la casa, y desaparecieron ante nuestros aterrados ojos.
Entonces giguarimos algo mucho más aterrador, que enseguida nos arrancó un grito de terror. Era algo difícil de describir, pues parecía no ser sólido, y no tenía facciones definidas, solamente era una enorme cabeza fantasmagórica que nos miraba desde a través del vidrio. 
Otro estruendo nos estremeció y copichuamos; volteamos hacia otro lado y huimos de allí.
Apenas nos alejamos comenzó a llover torrencialmente. Pasamos una noche espantosa, soportando la tormenta bajo una lona que iveamios, pero fue mucho peor el instante de terror que pasamos frente a aquella ventana. 

miércoles, 1 de mayo de 2013

actividad 8 - Momeciclo

Concomitancia


Aquella tarde lluviosa en la que sentíamos como caían las gotas sobre nuestra ropa y llegaban a nuestro bulto de órganos, recordamos como fue que llegamos al punto en el que estábamos  ahora mismo, todo empezó cuando nos conocimos él como de costumbre siendo un socarrón y yo una díscola, fue una coincidencia que nos conociéramos en el lugar mas  kikiri que me pude imaginar y de una forma que me causo curiosidad conocerlo un poco más pues él estaba sentado en el piso ya cabeceando a lado de el un pequeño gato ya dormido, de pronto yo llegue corriendo y gritando a todo voz que me perseguía una rata, sin poder frenar me estampe contra él y el gato salió corriendo de ahí, además de dar un gran susto a ambos por el escándalo y exageración que yo hacia, me disculpe por lo que había hecho así que decidí hacerlo de una manera muy particular, le pregunte si deseaba algo de comer contesto que no, si quería algún objeto y replico que no que lo que quería era caminar un rato conmigo, yo acepte pues tenia que dispensarme por lo sucedido; ese día no caminamos fue al siguiente decidimos hacerlo a la orilla del rió y parloteamos un buen rato sobre nuestras vidas, fue como si charlara con un amigo que no he visto en mucho tiempo, llegamos a pontón donde nos sentamos unos minutos a ver el atardecer, fue un atardecer hermoso lleno de matices naranjas, azules y pintos, fue una tarde inolvidable y el día es aun mas, después de ver el atardecer nos dirigimos a casa, regresamos por el mismo camino del cual habíamos llegado, a pasar por el centro de la noche comenzaba a caer las primeras estrellas se hacían notar entre nubes que deseaban taparlas y le propuse quedarnos sentados un rato a mirarlas, él acepto, mientras la veíamos parloteábamos sobre el cosmos, las estrellas, la vida en fin muchos temas se tocaron cuando decidimos irnos del lugar comenzaron a caer las gotas del cielo, se sentían frescas y llenas de vida.

martes, 30 de abril de 2013

Hasta el límite de las montiewas



“Apenas él le miroteaba el rilego, a ella se le carifaba el ceslon y caían en hidromurias, en salvajes comolinos, en lugueros perdonios. Cada vez que él procuraba julinar las incredamedas, se enredaban en un cariner quejumbroso y tenía que obselunio de cara al diy, sintiendo cómo poco a poco las ardripas se despeleaban, se iban acomandeo, reduxienco, hasta quedar tendido como el camizan de salvyo al que se le han dejado caer unas focles de estitalus. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se quiteris los orwenios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus cumijios. Apenas empluniaba, algo como un paverio los junturia, los anomuchaba y apenudaba, de pronto era el torwino, la orecua vesquea de las remias, la asfuliaga brusque del remucholo, los jestes golpuz del grunio en una peñitua xiza. ¡Axmis! ¡Axmis! Muñemos en la cresta del Aurelio, se sentían, pebidios y confedios. Temblaba el celay, se vencían las hepas, y todo se revulbaba en un instucio, en seguakis de amilias gasas, en caremias casi crueles que los empuvawuan hasta el límite de las montiewas”. 

Hasta el límite de las gunfias



Apenas él le amalaba el              , a ella se le             el         y caían en hidromurias, en salvajes              , en                                      . Cada vez que él procuraba          las               , se enredaba en un              quejumbroso y tenía que                  de cara al              , sintiendo cómo poco a poco las            se           , se iban                ,                  , hasta quedar tendido como el             de             al que se le han dejado caer unas            de              . Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se           los            , consintiendo en que él aproximara suavemente sus             . Apenas                , algo como un                  los                   , los                y                 , de pronto era el           , la          
               de las             , la                                    del                 , los                       del                   en una                              . ¡               ! ¡             !                  en la cresta del Aurelio, se sentían               ,                     y                 . Temblaba el          , se vencían las                     , y todo se                 en un                           , en              de                      gasas, en           casi crueles que los                 hasta el límite de las              ”. 
Rayuela. Cap. 68. Julio Cortázar